¡AY! de mi Alhama



Paseábase el rey moro

por la ciudad de Granada .

Cartas le fueron venidas

que Alhama era ganada. 

Como en la Alhambra estuvo,

al punto mandaba

que se toquen sus trompetas,

sus añafiles de plata. 

Habéis de saber, amigos,

una nueva desdichada:

cristianos de braveza

ya nos han ganado Alhama. 

Allí habló un alfaquí

de barba crecida y cana:

Bien se te emplea, buen rey. 

buen rey, Bien se te emplea

Mataste los Bencerrajes,

que eran la flor de Granada,

cogiste los tornadizos

de Córdoba la nombrada. 

Por eso mereces, rey,

una pena muy doblada:

que te pierdas tú y el reino,

y aquí se pierda Granada. 

¡Ay de mi Alhama!

¡Ay de mi Alhama!
              
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